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¿Qué pasaría si vencemos a la muerte?

Un deseo de inmortalidad acompaña a los humanos desde sus inicios y la industria médica explora esta posibilidad de manera seria. ¿Qué consecuencias produciría?

Los humanos del futuro podrían no tener fecha de caducidad y vivir indefinidamente, mientras no los atropelle un camión o no los despedace una bomba. Eso asegura el historiador israelí Yuval Harari en su libro Homo Deus, breve historia del mañana (2016). Para él es claro que la apuesta por la inmortalidad hace parte de la agenda humana del siglo XXI.

Según Harari, la muerte ha perdido su investidura mística para reducirse simplemente a un error técnico solucionable. Eso significaría que si un órgano falla en su funcionamiento es cuestión de remplazarlo. Más aún cuando la impresión en 3D de tejidos humanos ya es una realidad. Recientemente investigadores de New Castle, en Reino Unido, publicaron en Experimental Eye Research la primera impresión de una córnea.

Por su parte, Bill Marris, fundador y presidente de Google Ventures, cree que es posible vivir hasta los 500 años, y no solo lo cree, también invierte en ello. El 36 % de los 200 mil millones de su cartera de valores se va a nuevas empresas biotecnológicas, entre ellas Calico, del grupo Google, cuya misión declarada es “resolver la muerte”.

La esperanza de vida se ha duplicado en pocas décadas. Hace 200 años, incluso en el país más rico, un tercio de los bebés morían antes del año, según dice Aubrey D.N.J. de Grey, gerontólogo biomédico inglés de la Universidad de Cambridge.

Charles Edward Amory Winslow, quien de acuerdo a la Enciclopedia de la Salud Pública fundó esta disciplina en el mundo occidental, atribuye en The Untilled fields of public health (1920) esta reducción de la mortalidad a la salud pública: “La ciencia y el arte de prevenir las enfermedades, prolongar la vida y la comunidad”.

Algunas de las acciones que prolongaron vidas fueron, por ejemplo, la implementación del lavado de manos para evitar infecciones y la vacunación que frenaron epidemias.

Entonces, para qué vivir más, sería la pregunta. La declaración de los derechos humanos no dice que las personas tienen derecho a la vida hasta los 95 años. Dice que todo humano tiene derecho a la vida y no está limitado por ninguna fecha de caducidad.

Ahora bien, Tiberio Álvarez, médico anestesiólogo de la Facultad de Medicina de la Universidad de Antioquia, y quien ha investigado sobre cuidados paliativos y el final de la vida en pacientes con cáncer, señala que la buena salud no necesariamente implica vivir más, sino vivir mejor. La filósofa nonagenaria Mary Midgley también apoya la idea de que la calidad de vida es lo que más debería preocupar a las políticas de salud pública: “Vivir más tiempo está sobrevalorado”.

Eternalismo innato

Cuando Steve Jobs, cofundador de Apple, se enteró de que estaba muriendo de cáncer, hizo una declaración notable: que era lo mejor que le había pasado porque le mostró sus prioridades con claridad. Aseguró, además, que nadie quiere morir, pero es el mejor invento de la vida: “Es el mecanismo de cambio”.

Al escritor George Saunders también una experiencia le recordó la inminencia de la muerte y lo devolvió a la vida: “Si uno pudiera caminar así todo el tiempo, con la conciencia de que todo va a terminar, ahí está la clave”.

Varios años atrás, el popular biólogo y divulgador de la ciencia Carl Sagan dijo lo mismo de una forma más directa: “Estar a punto de morir es una experiencia tan positiva que la recomendaría a cualquier persona, salvo, por supuesto, por el irreductible y esencial elemento de riesgo”.

Si se reconoce entonces el valor de la muerte, ¿por qué los seres humanos parecen proclives al eternalismo? Las primeras evidencias escritas de la creencia de la vida después de la muerte datan de 4.000 años atrás en textos de la antigua Sumeria y Egipto.

En The Journal of Cognition and Culture, entre 2002 y 2012, varios psicólogos cognitivos de Nueva Zelanda concluyeron que los niños, incluso quienes no son creyentes, tienen la idea de que luego de morir ciertos aspectos de una persona, principalmente mentales como la capacidad de experimentar la tristeza y conocer cosas, continúan existiendo. Otros estados corporales, como la necesidad de comer o beber sí desaparecían, según los infantes. Esto confirmó que, de forma innata, ellos tienden a creer que la mente es inmortal.

Más allá del pensamiento proclive a la eternidad, un grupo creciente de científicos y pensadores afirman que la principal empresa de la ciencia moderna es derrotar a la muerte. Hablando en términos físicos.

Y sobre esto Álvarez alerta sobre el “mercadeo de la muerte”. Este respetado médico de la Universidad de Antioquia asegura que genéticamente el humano está hecho para vivir un máximo de 115 años y algunas empresas juegan con la esperanza de la gente vendiendo tratamientos “novedosos” que prometen retrasar el envejecimiento sin respaldo científico.

Otros investigadores como de Gray creen que en la vejez el problema es la idea de la vida inútil. Lo dice en una charla para Google que se llama La ciencia de curar la vejez.

Así que tal vez, más que la inmortalidad, lo que se quiere combatir es el envejecimiento. Y definir vejez es complejo. De Grey comparte su concepto: “Es una consecuencia del deterioro físico, no de la biología”.

Uno de los proyectos más prometedores en este campo es la terapia génica, que algunos aseguran, además de usarse para tratar las enfermedades inmunes, es para retrasar el deterioro del cuerpo.

Esta terapia se ha probado con éxito en animales y hace un poco menos de tres años Elizabeth Parrish, una norteamericana, trajo el tratamiento a Colombia para ser la primera paciente en probarla en el mundo. En su país las estrictas leyes se lo prohibían.

El procedimiento incluyó introducir genes en las células de sus linfocitos T –los soldados del sistema inmunológico– mediante un virus inactivo con la habilidad de atacar en la superficie de esa célula. Una vez dentro, el gen en cuestión se integró a su ADN desde donde dio instrucciones al organismo para retardar el envejecimiento. Hasta ahora Parrish se encuentra “más activa y saludable”, sin embargo no puede asegurar que haya curado el envejecimiento. Es muy pronto para afirmarlo.

Por su parte, el genetista Gabriel Bedoya, del grupo de investigación Genética Molecular de la Universidad de Antioquia, asegura que manipular tantos factores relacionados con la vejez es poco probable actualmente, incluso aunque ya hay artículos sobre genética del envejecimiento (Ver factores del envejecimiento). “Esta involucra muchos genes; desde mitocondriales, de apoptosis, telomerasa, sistema inmune y nervioso central, entre otros, que interactúan con factores ambientales y demográficos para dar como resultado la longevidad que tanto busca el humano”, dice.

Esos que viven tanto

Hay poblaciones muy longevas, como es el caso de algunas del Himalaya, cuyo promedio de vida es 136 años. De allí es la niña de ojos claros, Sharbat Gula, que fue famosa en una portada de National Geographic en 1985, y se dice que su comunidad es descendiente de las tropas de Alejandro el Magno, cuando estuvo en esos lugares. Según Bedoya, esto lo han intentado asociar con el frío, “pues este modula la inflamación que está asociada al deterioro por vejez”.

Es importante también tener en cuenta que en siglos pasados muchos personajes murieron después de los 70 años. Es el caso de Galileo Galilei (76) y de Newton (84). No es, entonces, seguro que las profecías de de Gray se hagan realidad en 100 años. Aunque la expectativa de vida se ha duplicado en el último siglo, es injustificado extrapolar el dato y concluir que se podría multiplicar de nuevo.

Eso sí, alguno de esos intentos fallidos nos acercará un poco más al objetivo de superar la muerte. Si eso es lo que se quiere.

POSIBLES CONSECUENCIAS DE ALCANZAR LA ETERNIDAD

1. Se desangraría el planeta

Si se compara la historia de la Tierra con un año calendario, la vida humana moderna ha existido durante 23 minutos y los hombres han utilizado un tercio de los recursos naturales de la Tierra en los últimos 0.2 segundos. En la actualidad la humanidad consume lo equivalente a si tuviese 1,7 planetas, esto según el proyecto mundial El mundo cuenta. Imagine si se viviera más tiempo. Alan Weisman, en su libro La Cuenta Atrás (2014), dice que se requerirían tres Tierras para alcanzar un nivel de vida como la de los países desarrollados.

2. No habría espacio para todos

De acuerdo con Carlos Mauricio Hernández, magíster en educación, desarrollo humano y consultor en metodologías de planeación para lo público, aunque se esté trabajando para alargar la vida, no se piensa a largo plazo sobre la finitud de los recursos. “Si planeáramos el territorio para el bien común, tal vez sería diferente, pero no lo hacemos”. El problema es que el crecimiento poblacional desaforado no se dispersa por el territorio sino que se concentra donde se pueda acceder a los recursos, desangrándolos.

3. Podría generarse una brecha de injusticia

¿Qué harían los magnates del mundo al conocer que existe un elixir de la vida eterna? Según Harari, una vez los esfuerzos científicos se vean coronados por el éxito, esto desencadenaría polémicos conflictos políticos.

Series y películas de ciencia ficción como Altered Carbon, The 6th day o Trascendence dejan ver los problemas de inequidad que implicaría que los más privilegiados vivan para siempre, mientras los demás mueran a una tasa de tiempo normal.

4. La sociedad más ansiosa de la historia

La longevidad, llegar a los 200 años, es más probable que la inmortalidad.

De esta manera, con un escenario realista a la vista, Laura Restrepo Vélez, psicóloga clínica de la UPB, plantea que posiblemente esa población con posibilidad de vivir tanto tiempo, lo haga con zozobra, pues estará preocupada por evitar morir, no por un falla corporal, sino externa, como un accidente. Actualmente tenemos certeza de la muerte pero al abrir la posibilidad de vivir eternamente toda la atención se podría fijar en eso.

5. ¿Y la economía?

Según Thomas Malthus, considerado uno de los primeros demógrafos, la población crece más que los recursos y puede producirse una catástrofe malthusiana o sobrepoblación. De ahí su nombre.

Para el neomalthusianismo el problema es el exceso de familias numerosas. Para su solución, proponen la toma de conciencia social e individual de la necesidad de la procreación limitada y la separación entre sexualidad y reproducción.

Referencia a www.elcolombiano.com  link: http://m.elcolombiano.com/tecnologia/lo-que-pasaria-si-vencemos-a-la-muerte-posibles-consecuencias-de-alcanzar-la-eternidad-XC9040635

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